Un herramienta fundamental en tiempos de crisis alimentaria

Frente a precios europeos y salarios del tercer mundo, la indigencia y el hambre crecen vertiginosamente en el país. La Mesa Agroalimentaria Argentina y sus comercializadoras surgen como una solución vital.

Por Tomás Astelarra*Un informe de la CNN en español mostró que los precios de los supermercados argentinos pelean codo a codo con los de Londres o Madrid. Sin embargo los salarios locales son diez veces menores que en estas ciudades.

Según el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), solo en diciembre la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores fue de 1,13 billones de pesos. Con una caída del 11 por ciento en el salario privado registrado, 14 por ciento en el salario privado no registrado y 16 por ciento en el salario público.

Para el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) de la CTA, en el mismo mes, el salario mínimo se redujo en términos reales en 14,8 por ciento. Quedó así en un valor que resulta 25,9 por ciento más bajo que diciembre de 2019 y 42,9 por ciento que en 2015.

Un escenario de hambre

Según las últimas proyecciones difundidas por el Observatorio Social la Universidad Católica Argentina (UCA), 27 millones de personas (un 57,4 por ciento) se encuentran por debajo del límite de la pobreza. Es el índice más alto desde 2002 (cuando alcanzó el 54 por ciento). La población en situación de indigencia pasó del 9,6 por ciento en el tercer trimestre de 2023 al 14,2 por ciento en diciembre de 2023 y al 15 por ciento en enero de 2024.

La crisis se agrava por el alto costo de los alimentos que, mes a mes, superan el promedio de inflación. Una tendencia que se agudizó en diciembre según CIFRA. Cuando se contabiliza exclusivamente los alimentos, la caída del poder adquisitivo del salario trepa al 36,8 por ciento comparada con diciembre de 2019 y 50,7 por ciento respecto a 2015. El salario mínimo solo cubre el 64,8 por ciento de la canasta de indigencia y un tercio de la de pobreza.

Según un reciente informe del Banco Mundial sobre seguridad alimentaria, la inflación de la Argentina en el rubro alimentos nos ubica como el único país latinoamericano entre los diez más golpeados por el hambre. En su informe del año pasado la UCA mostraba que el 20,6 por ciento de los hogares en Argentina tiene signos de inseguridad alimentaria.

El 13,9 por ciento de los niños argentinos padece hambre. Por más que el 59,3 por ciento recibe “alimentación gratuita”. Es decir: acuden a comedores, copas de leche y escuelas que hoy no están recibiendo ayuda del estado y se sostienen solo gracias a aportes privados y de las propias organizaciones.

Cuestión de mercado

“No podemos dejar librado al mercado el acceso a los alimentos, porque sino va a ser imposible para muchas familias poder acceder a la producción”, advierte Zulma Molloja, Vocera de la Unión de Trabajadoras de la Tierra (UTT) dentro de la Mesa Agroalimentaria Argentina (MAA). «Está claro que los sectores concentrados de la comercialización, como siempre, remarcan precios de manera injustificada. Combinado con las medidas de devaluación, eliminación de controles de precios y otras del gobierno de Milei. Se está pulverizando la capacidad de compra de los sectores populares”, complementa Agustín Suárez, referente de la Coordinación Nacional de la UTT.

“Venimos proponiendo la creación de colonias agroecológicas en los cordones de la provincia de Buenos Aires, para que los alimentos se produzcan en las cercanías y se distribuyan a través de ferias y mercados populares”, explica Zulma. “Nuestro proceso de producción y comercio justo tiene que ver con la construcción del precio del alimento de manera colectiva, contemplando los costos, pero evitando toda especulación”, agrega Agustín Suárez.

“Hablamos de cooperativas u organizaciones donde se procura mejorar el precio del productor, pero también llegar al consumidor con alimentos sanos y a precios accesibles. Es una cuestión de organización para superar la intermediación que muchas veces es concentrada y especulativa. Entonces hay abusos y rentas que quedan en manos del intermediario y no del productor, encareciendo el consumo”, cuenta Luciana Soumoulou de las Bases Federadas dentro de la MAA.

Del productor al consumidor

Según el Informe Anual de la Situación de la Soberanía Alimentaria en Argentina (Iassaa 2022) realizado por la Red de Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria y colectivos afines (Red Calisas), los consumidores pagaron 5,2 veces más los alimentos de lo que cobraron los productores. El índice de inflación de la Economía Social, Solidaria y Popular (ESSP), que desde hace más de dos años elabora el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), viene demostrando que en estos espacios los precios son muchos menores que en las grandes cadenas de supermercados (pese a que su calidad es mejor).

Dicho índice se hizo en conjunto con el programa Mercado de Cercanías, una de las tantas dependencias que el actual gobierno eliminó en la licuación del ministerio de Desarrollo Social dentro del de Capital Humano.

*Licenciado en Economía de la Universidad Torcuato Di Tella y master en Periodismo de la Universidad del País Vasco.