Desde la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra nos proclamamos en contra de la Cumbre de Sistemas Alimentarios 2021. Ésta es una cumbre promovida y llevada adelante por las históricas corporaciones del agronegocio junto a los nuevos jugadores del sistema agroalimentario global: las plataformas digitales (Google, Amazon, Microsoft, Facebook,etc) que han aprovechado la pandemia para acelerar una gran transformación tecnológica y concentración de la producción y distribución de alimentos, en detrimento de los sistema alimentarios de base campesina y popular, que hoy alimentan al 70% de la población mundial. 

La cara “social” de este proyecto profundamente contrario a la soberanía alimentaria es la Fundación Bill & Melinda Gates y su programa AgOne de “tecnificación” de la agricultura mundial, que en la Argentina ya tiene su correlato en la propuesta “AgTech”, un programa que sin ningún tipo de autocrítica respecto de los problemas socio ecológicos producidos por el modelo agroalimentario en el Cono Sur, propone una serie de de “soluciones tecnológicas” (sensores, automatización de procesos, dispositivos de procesamiento de datos estadísticos, “herramientas de inteligencia artificial” y una nueva técnica transgénica llamada “CRISPR”) para profundizar el agronegocio, aumentar la producción de monocultivos, reducir sus costos y la mano de obra. En el marco de esta avanzada se encuentra la promoción del trigo transgénico HB4, al cual nos oponemos de manera frontal. 

De esta manera, la Cumbre (y la participación de la Argentina hasta ahora en ella) avala un sistema alimentario insostenible, que defiende el poder concentrado en manos de unas pocas corporaciones agroalimentarias, que se basan en el uso intensivo de agrotóxicos, el monocultivo de unas pocas variedades de cereales y oleaginosas, y la cría industrial de ganado y aves de corral. Esto conlleva consecuencias no sólo ambientales (deforestación, gases de efecto invernadero, deterioro del suelo, contaminación del agua y erosión de la biodiversidad) sino que claramente también impacta en la salud de las personas. La producción de monocultivo de cereales, oleaginosas y caña de azúcar son la base de los productos alimentarios ultraprocesados cuya alta disponibilidad y consumo están enfermando al pueblo, restando años de vida y causando muertes debido a enfermedades no transmisibles como diabetes, afecciones del corazón y distintos tipos de cáncer, todas afecciones que genera mayor vulnerabilidad ante la pandemia de COVID-19.

Necesitamos democratizar los sistemas alimentarios de manera urgente para mejorar el acceso de todas y todos los habitantes de Argentina a verduras, frutas, carne, leche, cereales, legumbres y frutos secos, tal como recomiendan las guías alimentarias. Por eso, no es igual una Cumbre promovida por las empresas, que una construida desde los pueblos. Y no es igual una posición “argentina” en la Cumbre definida por la gestión pro transgénicos y pro mega granjas chinas de Felipe Solá, que lo que necesita el pueblo argentino para construir su soberanía alimentaria y superar el hambre y la malnutrición. 

Quienes trabajamos todos los días en pos de un sistema alimentario más democrático exigimos acceso a la tierra, al agua, a las semillas para producir agroecológicamente, de manera diversificada, con cultivos que protejan el suelo, el aire, el agua y la biodiversidad. Y formas de distribución y comercialización que promuevan los circuitos cortos de alimentos, que permitan bajar el precio de los alimentos y aumentar los sueldos de los trabajadores, para que las opciones de alimentación saludable sean las más fáciles y posibles.

El camino no es simplemente llegar a producir 70 millones de soja como recientemente proclamó el flamante Ministro de Agricultura Julián Domínguez, porque es un commodity barato que no alimenta al pueblo y solo llena el bolsillo de unos pocos sectores concentrados. Necesitamos desenmascarar la cumbre del negocio alimentario, y sus socios locales. Es necesario un cambio en la forma en que producimos y consumimos alimentos para superar la malnutrición, las pandemias y el cambio climático. Solo la agroecología permite transitar hacia un futuro sostenible, de respeto por la vida y la naturaleza. Es el único sistema alimentario que mejora la nutrición, reduce la pobreza, combate la crisis climática, y construye soberanía alimentaria.