Las organizaciones de la ciudad y del campo que alimenta construyen una alianza estratégica a través de la Red de Comedores por una Alimentación Soberana que ya brinda comida a más de 65 mil personas. Una propuesta concreta y urgente para dar respuesta al hambre en la ciudad y la provincia de Buenos Aires.

Sin mediar distancias, clases sociales, ni ideologías, el Covid-19 impactó de lleno en el mundo entero. Un virus que al margen de previsiones y futurologías, delineó el 2020 hacia una parálisis productiva y limitaciones varias. Pero hay otra pandemia, histórica y urgente que se cuela en el frío de este invierno extraño y expone las carencias de siempre: es el hambre que emerge, la pobreza estructural de un país rico en recursos y limitado en oportunidades concretas para las mayorías. Por todo eso, pero también por convicción propia, solidaridad compañera y tesón militante, la Unión de Trabajadores de la Tierra donó cientos de miles de kilos de frutas y verduras a quien lo precisara: sin fronteras, de Misiones a la Patagonia, de Tucumán al conurbano profundo. La ayuda se multiplicó, y con ella surgieron ideas, nuevas necesidades y la certeza de que la salida es colectiva. Así nació la Red de Comedores por una Alimentación Soberana. Un conjunto de más de 100 organizaciones sociales, movimientos políticos, clubes de barrio, cooperativas, bibliotecas, escuelas y centros culturales, unidos por la imperiosa necesidad de bancar el momento, ayudando a llenar las ollas populares y distribuir bolsones con alimentos sanos para el pueblo, en cada rincón donde el Estado llega tarde o ni siquiera responde.

Sergio Goya

La convocatoria para organizarse se consolidó el 26 de mayo en el Mercado Agroecológico de UTT en Avellaneda, en una reunión circular, sin jerarquías, para contar y escuchar realidades cotidianas y demandas impostergables, sembrando ideas y objetivos. “Es el trabajo coordinado entre quienes somos el otro campo y las organizaciones de la ciudad, acercando el alimento a precios populares y sin intermediarios”, resumía por entonces Lucas Tedesco, referente de la UTT. Entre los anuncios, compartieron la propuesta de diseñar un Recetario popular que sirva para cocinar menús más sanos, acompañado de talleres para cocineros y cocineras de los comedores. Además, desde la Red le exigen al Estado, tanto los gobiernos municipales, provincial y nacional, políticas públicas y de asistencia alimentaria sostenida para que todas las personas puedan acceder al derecho humano a la alimentación adecuada. “Los gobiernos se muestran de manos atadas o la emergencia acentúa más la dependencia con estas empresas, los Perez Companc, Nidera, Carrefour, que hacen negocios con esta fábrica de pobres mal alimentados. Nos venden argumentando que es barato y para todos, comestibles que no son alimenticios, carbohidratos, alimentos ultraprocesados y chatarra de industria a gran escala”, expresó Rosalía Pellegrini, vocera de la UTT.

Unos días después, el acopio y la distribución de casi cien mil kilos de papas donadas por productores de Tandil y Balcarce, llegó a un galpón de Monte Grande: un trabajo gigantesco llevado adelante por decenas de compañeros y compañeras. Pronto surgieron nuevos proyectos, impulsados por la urgencia y el ingenio, pero también por la solidaridad de quienes caminan realidades tan parecidas que al escuchar sus historias, pueden olvidar rápidamente las distancias geográficas. “Estamos enviando la segunda carga de zapallos con la idea de ayudar a la gente que la está pasando mal en Buenos Aires, que ha perdido su trabajo, que no tiene para darle de comer a su familia. Si bien acá la situación también es difícil, estamos contentos de ayudar y ser útiles en este proyecto de soberanía alimentaria. Es una alegría enorme para todos nosotros”, cuenta Néstor Castillo, productor de la UTT Termas de Río Hondo, Santiago del Estero. De su base territorial llegaron el 26 de junio a Buenos Aires 26.000 kilos de zapallos ancos que fueron vendidos a las organizaciones a sólo 11 pesos el kilo: una cifra irrisoria que se utilizó para solventar los gastos del flete.

Jonatan Zain

Una mañana fresca de sábado, un gesto tan necesario como elocuente engrandeció la articulación de la Red: desde su campo de producción láctea en San Vicente, la tambera de la UTT Erika Solís, convocó a cosechar una hectárea de zapallos, sin pedir nada a cambio. Más de diez organizaciones se sumaron al trabajo, recolectando en unas horas 3.500 kilos de ancos. Con lágrimas en los ojos y lejos de la ambición insólita de quienes sólo desean engrosar sus cuentas en pleno caos sanitario en muchos países del mundo, Erika recordaba aquel Verdurazo de febrero de 2019 en Plaza Constitución, donde alimentos y manifestantes fueron gaseados por igual, tan sólo unos minutos después del agradecimiento mutuo. Cerca de su campo, otra compañera de la Red, Maribel Calla Llampa cuenta su construcción diaria junto al Movimiento Territorio de Liberación (MTL), desde el comedor Matria Grande en Alejandro Korn, donde brindan almuerzo diario para 200 personas. “Estamos muy felices por el trabajo conjunto de la Red, aglutinando a muchos espacios donde hace falta contención y organización para dar respuestas a los barrios. En nuestro caso, vamos rotando las ollas para que llegue a todos lados. Nada impide hacer el trabajo social y colectivo, sobre todo ahora, cuando estamos en una emergencia a nivel mundial y podemos cubrir necesidades. Antes era solamente para los niños en los merenderos, ahora a familias completas. Nos tocó esta situación para que no falte un plato de comida, con la mirada hacia la soberanía alimentaria y lo agroecológico. Estas Redes tienen que seguir expandiéndose. Nos une la solidaridad”.

La articulación interna crece día a día, en paralelo al aumento de los casos, la incertidumbre y el hambre. Así, en pleno invierno se recibió la donación de  ollas grandes que fueron sorteadas entre las organizaciones de la Red y miles de kilos de leña gratis llegaron a la Parroquia Sagrado Corazón de Barracas, para encender un mar de fueguitos, en cada olla, en cada encuentro compañero.

Manuel Correa / prensa UTT

El 17 de julio a través de los zapallos se volvieron a encontrar los militantes de los barrios del conurbano con los productores de Termas de Río Hondo. Esta vez una tanda de 29.000 kilos de ancos fueron descargados por las distintas organizaciones en un galpón del Movimiento Villero en Villa Domínico, partido de Avellaneda.

Con el correr de los días y respuestas asistenciales insuficientes, crecen las demandas de alimentosy también, un orgullo colectivo que le pone ingenio y fuerza al futuro más inmediato porque el hambre en los barrios populares no conoce de ayudas demoradas, promesas vanas, ni oportunismos.

Las próximas actividades generan entusiasmo: armarán un bolsón de 6 kilos con papa, cebolla, acelga, zapallo anco, zanahoria y batata para distribuir a 120 pesos. Son variedades llegadas desde las distintas bases de la UTT de todo el país, equivalentes a decenas de miles de kilos de verduras para destinar a cada punto de la Red en la Ciudad de Buenos Aires y las zonas norte, sur y oeste del Conurbano. Hoy, a través esta Red, se alimentan de forma salubable más de 65.000 personas. Un paso más hacia la Soberanía Alimentaria, a partir del trabajo colectivo y la solidaridad.

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