Mendoza nos acaba de dar a todos y todas un regalo y una lección de dignidad. La derogatoria de la ley 9.209, que es resultado de la afirmación inquebrantable del pueblo mendocino de que el agua no se negocia, deja en plena vigencia la Ley 7.722 que prohíbe el uso de sustancias tóxicas en la megaminería.

Para la agricultura familiar el agua es un insumo básico para la vida. El agua no sale de la canilla, viene de las montañas. Para que nuestras frutas mendocinas lleguen desde el campo a la ciudad, primero debieron ser regadas con agua de deshielo. Defendemos el agua, porque defendemos la soberanía alimentaria y el arraigo rural.

Por eso celebramos doblemente la fuerza de la manifestación de ese pueblo, donde miles de personas se reunieron para poner un límite al despojo. Porque queremos vivir dignamente y producir de forma sana para todo el pueblo, sin la destrucción de nuestro ambiente, sin que se ponga en jaque la alimentación y la salud de las generaciones presentes y futuras.

El debate que aun nos debemos es el agua para qué y para quiénes, si para el agronegocio o para la soberanía alimentaria. Necesitamos llenar de contenido el debate sobre el modelo de desarrollo que demandan las provincias.

Mendoza es un enorme ejemplo de cómo iniciar la transformación del modelo extractivo del saqueo, que requiere generar y multiplicar conciencia, tejer redes, poner el cuerpo, organizarse y movilizarse. Por ello, con la certeza del pueblo mendocino, estamos atentos a lo que viene en Chubut.

Sembrando alimentos, cosechando redes.

#ElCampoQueAlimenta
#ElAguaNOseNegocia

📸 Maximiliano Ríos