Este 10 y 11 de octubre, en Olmos, La Plata, 200 mujeres trabajadoras de la tierra de Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Corrientes, Córdoba, Misiones, Santa Fe, Chubut, Mendoza y diversos puntos de la provincia de Buenos Aires nos encontramos, debatimos, nos conocimos y nos posicionamos como mujeres campesinas y productoras de alimentos en la agenda de la lucha de las mujeres por la igualdad.

 

A través del debate oral pero también desde herramientas como el teatro, el conocimiento del cuerpo, la defensa personal, técnicas de relajación, talleres de plantas medicinales y muchos momentos más, nos dimos cuenta de que ya no estamos solas y de que tenemos la decisión de organizarnos para salir de los lugares de exclusión, marginación y discriminación en el que nos deja este sistema de dominación capitalista y patriarcal. 

A lo largo de dos días, trabajamos sobre tres ejes que hacen a la integralidad de la vida de las mujeres rurales y sobre cómo vivenciamos la violencia de la cultura machista que queremos transformar: El hogar y la familia. Nuestras Chacras y la producción de alimentos. Nuestras organizaciones y la política. 

Los sufrimientos arrancan en nuestros hogares, en la distribución de las tareas de cuidado, en que somos siempre las que cocinamos, lavamos, cuidamos a hijas e hijos, los llevamos a la escuela, al hospital e incluso los llevamos con nosotras al campo a  trabajar. Con tristeza y rabia pudimos darnos cuenta de cómo en nuestra crianza y en nuestra propia familia nos inculcaron que “la mujer es para la casa”, desatándonos a una vida de doble jornada laboral, en un hogar donde no están claros los límites entre el espacio del personal y del descanso y el espacio laboral y productivo. Todo es uno en sí mismo, no hay fronteras ya que todo es trabajo, y encima no reconocido ni social ni económicamente. Preguntémonos: ¿Cuántas horas de trabajo hay en un cajón de tomate? Seguramente contaremos las horas del trabajo del varón en la chacra pero no contaremos las extenuantes horas de trabajo en la casa ni la larga jornada de trabajo de la mujer en el campo.

Pero nosotras ya sabemos que no somos solo “de la casa”. Que la crisis económica también nos empujó al trabajo duro en nuestras quintas, en nuestras chacras. Que ya no solo cuidamos la granja campesina de subsistencia, sino que salimos a buscar changas. Que somos las que levantamos los cajones pesados de verdura a la par del hombre, que trabajamos hasta 16 horas por día para cosechar y preparar la carga de verduras que llevan los camiones que casi siempre nos estafan o nos pagan monedas por nuestra producción, que cuidamos los animales y realizamos el tambo. Somos peonas de nuestras propias chacras sin sueldo ni reconocimiento. Se niega esta realidad sobre un estereotipo de mujer campesina que ya no existe: Nosotras trabajamos, nosotras podemos manejar un tractor, nosotras podemos conducir nuestros propios vehículos, nosotras también podemos ser técnicas en agroecología, y lo somos. Ya no queremos más estar despojadas de los bienes y despojadas de los conocimientos. 

 

La mayoría de las mujeres trabajadoras de la tierra no gozamos de los ingresos de lo que producimos, más aún, ni siquiera decidimos sobre Cómo y Qué producir, mientras vemos que los pocos ingresos que llegan a la familia se van en insumos a precio dólar dependientes de las grandes multinacionales del agronegocio. Ya no nos callamos más, queremos gritar a viva voz que Bayer Monsanto, Syngenta y un puñado más de empresas son responsables de nuestra falta de independencia, de nuestra miseria y sobre todo de envenenar nuestras vidas y las de nuestros hijos e hijas. Somos nosotras las que padecemos abortos espontáneos, somos nosotras las que vemos que bajo ese modelo de muerte no se producen alimentos sino mercancías que encima se pagan centavos, somos nosotras las que entendemos que la misma violencia machista hacia nuestros cuerpos es la que se está ejerciendo sobre el suelo, la tierra y nuestros bienes naturales. Así como se nos mata a nosotras, así también se mata la vida en la tierra. Porque ese modelo encontró un aliado en el machismo presente en nuestras familias. Que los varones nos excluyan de las decisiones sobre  cómo producir y que los hayan convencido de que la tierra solo es un recurso de donde extraer mas, mas y mas sin darle nada a cambio forma parte del plan estratégico del Agronegocio. Los patriarcas de Bayer Monsanto y el resto de sus socios pactan con el machismo presente en las familias campesinas. Es necesario que también los varones puedan ver esto y saquemos al patriarcado y sus diferentes nombres y apellidos fuera de nuestra vidas.

En el terreno de nuestras organizaciones también las mujeres tenemos propuestas. Al vivir en una sociedad desigual que nos marca todo el tiempo que valemos menos es necesario establecer criterios de participación equitativa en todas las áreas. Nos enseñaron a que No tenemos que participar, a que No tenemos que hablar, a que la política la hacen los varones. Por eso debemos implementar cupos de género en los espacios de representación de la organización. Si solo los hombres van a representar al conjunto entonces serán hombres que decidirán por nosotras, serán hombres los que verán qué es prioritario y qué no, serán hombres los que dirán que los encuentros de mujeres son para “llenarnos la cabeza”, para separar familias o simplemente se burlaran de nosotras. Nosotras nos hemos capacitado, hemos aprendido, hemos abierto nuestros corazones y hemos pactado: no más silencios, no más opresión. Sabemos lo que queremos y queremos explicárselos, queremos enseñarles que la lucha por la igualdad nos sana a todos y a todas. Ese es el Feminismo que queremos construir. Sin esto no hay soberanía alimentaria ni reforma agraria posible. Sin esto más de la mitad de las personas que producen los alimentos que el pueblo consume queda excluida. 

Asimismo cuando pensamos nuestras organizaciones debemos establecer que los varones también se hagan cargo de las tareas de cuidado. También deben haber compañeros varones que amorosamente cuiden a nuestros hijos e hijas, que sean promotores de salud, secretarios, administradores de los recursos. Tareas usualmente atribuidas a las mujeres.

Sostenemos que es necesario resaltar que no debe haber Ni Una Más sin Acceso a la Tierra. Esto implica que las propuestas de acceso a la tierra como la Ley que nuestra organización presentó en el año 2016 a través del primer Verdurazo en el que las mujeres trabajadoras de la tierra participamos con orgullo y valentía DEBE ESTAR PRESENTE CON PRIORIDAD EL ACCESO A LA TIERRA Y SU TITULACIÓN PARA LAS MUJERES, en especial para aquellas que proponemos y desarrollamos la Agroecología.  Históricamente las mujeres no accedemos a la tierra, solo los varones de las familias acceden a ser titulares de los contratos de arrendamientos o, en las escasas veces que eso ocurre, a los títulos de propiedad. De esta forma se niegan las desigualdades, violencias y machismos que se ejercen contra las mujeres dejándonos en condiciones de vulnerabilidad cuando hay situaciones de violencia en las que casi siempre somos las mujeres las que debemos dejar nuestros campos junto a nuestros hijos e hijas.

 

Es por esto que decimos: Sin feminismo, sin igualdad, la reforma agraria retrocede.

Por último, queremos concluir nuestras reflexiones dejando en claro que de todo esto el Estado es responsable, por ser el mismo que convive y permite que estas multinacionales ingresen al país obligándonos a ser dependientes sus agrotóxicos, que permite que estas empresas también formen a los profesionales en nuestras universidades públicas, que promueve que en los comedores haya alimentos ultraprocesados dañinos para la salud de nuestros hijos e hijas. Le exigimos de manera urgente políticas públicas para nuestro sector que tengan como prioridad a las mujeres campesinas. Nos sentimos abandonadas, aisladas en nuestros territorios, sin acceso a caminos en condiciones, transporte público, viviendas dignas, escuelas, jardines, centros de salud, ni instituciones que tengan como objetivo erradicar la violencia de género. La existencia de esto garantizará el acceso real a nuestros derechos, los que antes desconociamos pero ahora juntas y organizadas tomamos fuerza para hacerlos cumplir. El Estado debe hacerlo, de lo contrario seguirá siendo cómplice de la violencia patriarcal. 

 

Es por esto que nosotras, las mujeres trabajadoras de la tierra, las productoras de alimentos proponemos un Programa de Promoción de la Igualdad  y Acceso a los Derechos para las Mujeres Rurales que contenga los siguientes puntos:

  • Implementación de las Comisarías de la Mujer en todo el territorio nacional teniendo en cuenta en el diseño que haya comisarías en los territorios rurales. 
  • Acceso a la Tierra con prioridad para las mujeres rurales, especialmente para la producción agroecológica.
  • Implementación de una institución, secretaria o dirección especialmente diseñada para promover y desarrollar políticas públicas dirigidas a las mujeres rurales, con presupuesto y participación del sector. Que además realice estudios y brinde estadísticas acerca de la violencia y exclusión tanto física, económica y social a la que estamos inmersas.
  • Financiamiento e implementación de un Programa de Promotoras Rurales de Género llevado adelante por mujeres del sector que posea rango institucional y validez jurídica.
  • Desarrollo y puesta en práctica de un Programa masivo de alfabetización y escolarización para las mujeres rurales en todo el territorio.
  • Transversalización de la perspectiva de género en todas las políticas públicas dirigidas a la agricultura familiar y campesina. Todos los programas y subsidios para compra de maquinaria y asistencia técnica desarrollados por las instituciones del estado enfocadas en el sector deben contener el principio de prioridad hacia las mujeres rurales. Los beneficios tienen que ser también a nombre de las mujeres, no solo de los hombres de las familias agrícolas. 
  • Desarrollo de un plan de asistencia alimentaria para la población en el que las mujeres tanto urbanas como rurales tengamos protagonismo y que se base en la alimentación sana, segura y soberana proveniente de la producción de la agricultura familiar y campesina. Para llevar a cabo este plan se brindarán talleres acerca de educación alimentaria con el fin de transformar los hábitos alimentarios que en el último tiempo las industrias de alimentos ultra procesados y de mala calidad inculcaron a la sociedad en su conjunto, sobre todo en los sectores más vulnerables. Queremos un pueblo que coma sano y sabemos cómo hacerlo.

 

Este programa lo acercaremos a los distintos funcionarios y clase política que gobiernan y gobernarán nuestro país pero queremos dejarlo en claro: Dialogaremos y debatiremos pero estamos cansadas, nuestros cuerpos no soportan un segundo más seguir relegadas y marginadas. Defenderemos este posicionamiento y estas propuestas con lucha y en las calles de ser necesario.

Ya no nos callamos más porque estamos organizadas.

Somos las que mujeres que alimentamos al pueblo y juntas Venceremos. 

 

La Plata, Buenos Aires, 14 de octubre de 2019

Secretaria de Género UTT