Cientos de personas desbordaron el jueves 8 de agosto el Aula Magna de la Facultad de Medicina (UBA). Fueron a escuchar y aprender sobre alimentos de productoras como Zulma y Maritza, integrantes de la UTT, del filósofo Darío Sztajnszrajber, de la periodista especializada en nutrición Soledad Barruti y de la coordinadora de la Cátedra de Soberanía Alimentaria, Miryam Gorban.

¿Alguna vez pensaste la comida? Seguro que ahora mismo estás pensando, frente a esta pregunta, qué vas a comer esta noche o que no tenés nada en la heladera, o que deberías comer más sano o como te gustaría comerte un alfajor desbordante de dulce de leche en este mismo momento. ¿Pero alguna vez te pensaste -o nos pensaste- de verdad a través de los alimentos? ¿Alguna vez pensaste que el mundo gira alrededor de los alimentos?¿Alguna vez aprendiste cómo nos alimentamos? ¿Fuiste a la escuela? ¿Fuiste alguna vez alumno?¿Todavía lo sos? ¿No es que nunca dejamos de ser alumnos? ¿Sabías que ser alumno significa estar permanentemente alimentándose?

Alimentamos nuestro saber, alimentamos nuestro conocimiento, alimentamos nuestra educación, alimentamos nuestra economía,  pero rara vez alimentamos nuestro alimento. Satisfacemos nuestra necesidad de alimento, disfrutamos y gozamos de nuestro alimento, producimos nuestro alimento. Pero no pensamos nuestro alimento porque si pensáramos nuestro alimento, no nosotros, no cada uno de nosotros, sino todo el mundo, se alimentaría de otra manera. Si pensáramos nos hubiésemos dado cuenta antes de que, como dice Soledad Barruti, “comemos como zombies sin pensar de dónde vienen los alimentos”. Si pensáramos en ello  nos hubiésemos dado cuenta antes, como dice Nahuel Levaggi, que la única forma de pensar la alimentación es en forma solidaria porque los alimentos se producen y se consumen, y “si no hay dignidad para quien produce o para quién consume no hay alimentación ni sana ni saludable ni soberana ni pensada”. Si pensáramos los alimentos, nos hubiésemos dado cuenta antes, pero mucho mucho antes, que como dice Darío Sztajnszrajber, “cuando nos alimentamos estamos aprendiendo”.

A aprender. A eso fueron cientos de personas que se congregaron el jueves 8 de agosto por la tarde en el Aula Magna de la Facultad de Medicina (UBA). A escuchar a productoras de alimentos como Zulma y Maritza, integrantes de la Unión de Trabajadores de la Tierra, al filósofo Darío Sztajnszrajber, a la periodista especializada en nutrición Soledad Barruti y a la coordinadora de la Cátedra de Soberanía Alimentaria, Miryam Gorban. A compartir saberes. A pensar los alimentos.

La primera en hablar fue Zulma Molloja. Para pensar los alimentos hay que pensarlos desde el origen, desde la semilla, desde las mujeres y las familias que los producen y bajo qué condiciones. “Soy una pequeña productora, trabajo en la quinta. Nosotras vivimos en casas muy precarias, muy seguido nos quedamos sin techo y sin casa, sufrimos el frío.  Pagamos de 8 mil pesos a 18 mil pesos de alquiler y la luz entre 22 mil y 30 mil. Es una locura total, es una realidad que no queremos pasar. La suba del dólar nos afecta, las semillas, el nylon, el goteo, la tierra que no es nuestra. Construimos nuestras casas madera por madera y cada tres años nos quieren desalojar, y tenemos que volver a mudarnos, volver a armar otra casa madera por madera en una tierra pelada; sin escuelas para nuestros hijos, sin transporte público, sin caminos. Siempre tenemos que empezar de nuevo”. Zulma habla y ya podemos empezar a pensar. Pensar por qué la semilla se paga en dólares cuando la semilla es algo que da la naturaleza. Pensar por qué quienes producen alimentos no tienen tierras, pensar por qué los hijos y las hijas de las familias productoras no pueden aprender en la escuela, bajo las mismas condiciones que hijos e hijas de otras familias. Pensar si puede ser posible alimentarnos si quienes producen los alimentos no tienen las condiciones necesarias para producirlos.

“¿Saben de dónde deriva etimológicamente la palabra alumno?”, preguntó  Sztajnszrajber. “Todo el mundo dice que alumno viene de ausencia de luz, todo el mundo dice que un alumno es un ser carente de luz. Entonces si no tiene luz significa que es un negro, ¿no? Pero no es así, la palabra alumno viene de la palabra alimento. Alumno es el que está permanentemente alimentándose. Es una linda metáfora porque uno no termina nunca de alimentarse. Alumno viene de alimento, todos somos alimento, todos nos alimentamos. Si cuando aprendemos de algún modo nos estamos alimentando, también podemos pensar que cuando nos alimentamos estamos aprendiendo. O sea la alimentación es una manera también de ser alumnos y de aprender. Entonces no da lo mismo alimentarse de un modo o de otro. Alimentarnos de un modo o de otro es una manera de encarar lo que aprendemos”.

Repasemos: Si pensamos cómo nos alimentamos -no individualmente sino globalmente-no damos cuenta de que no nos alimentamos bien. Si seguimos con este modelo de producción, no estamos pensando los alimentos. Si aprender es alimentarse, y alimentarse es aprender, tenemos que aprender a alimentarnos. Si aprendemos a alimentarnos, aprendemos que no es lo mismo alimentarse de un modo o de otro.

“¿Sabemos cómo llegan los alimentos a los supermercados?”, pregunta Soledad Barutti para que pensemos en lo oculto, en aquello que no vemos de los alimentos. “Cuando entras a un campo donde se producen animales hay olores que impresionan. El olor a tóxico te queda en el cuerpo y es recurrente. Hay gritos y mugre que no se ven en los supermercados. La realidad está escondida, y cuando corres la cortina, ves que nos alimentamos y consumimos escenarios de crueldad, horror y vulneración de derechos. Comemos como zombies, sin pensar.  Nos devoramos entre nosotros. Nadie sabe cómo llegan los alimentos  a los supermercados. Y está todo perfectamente programado todo el tiempo para que eso suceda, para que no nos cuestionemos y se mantenga en la invisibilidad. Nada nos pica en esta sociedad. Consumimos cosas adictivas que adormecen el cerebro”. Tenemos que pensar urgente. Pensar los alimentos para poder alimentarnos de verdad.

Pensar qué alimentación queremos y necesitamos. Y para quiénes: “En momento de elecciones deberíamos reclamar que en nuestro país se hable sobre el territorio alimentario, sobre cuál es el plan”, reclama Barruti.

Se vienen las elecciones y no se habla de alimentos. Y, como explica Sztajnszrajber, si no hablamos de cómo alimentarnos, no hablamos de cómo educarnos. Si no nos alimentamos, no pensamos y tampoco nos pensamos. “Estamos a  días de que este gobierno se caiga y no hay una discusión del modelo agropecuario. Si no pensamos en cómo y quién produce los alimentos, nunca vamos a discutir cómo democratizar la producción. La política no es un acuerdo de precios con Marolio. La Serenissima o los productos de Monsanto y Bayer”, dice Nahuel Levaggi y el Aula Magna explota en aplausos. Porque todas las personas presentes quieren que se vaya Macri pero también saben que con eso no alcanza. ¿Qué modelo agropecuario queremos? ¿Y si pensamos cómo es el modelo que queremos? “Las principales cadenas creemos que son los supermercados pero la principal cadena es en nuestra cabeza, es romper la cadena del pensamiento actual, hay que construir la tenaza que la rompa y esa tenaza es la solidaridad”.

 

Sí, la solidaridad es el modelo. Si pensamos, si aprendemos, si volvemos a ser alumnos, volveremos a ser solidarios y solidarias. “Fue la solidaridad lo que cambió nuestras vidas. Aprendimos a solidarizarnos con nuestros compañeros”, cuenta Zulma. La solidaridad y la unión aglutinó a las familias productoras en la UTT. “Y ahora son los consumidores y no los intermediarios quienes nos ayudan a seguir produciendo y seguir avanzando. Y somos nosotros mismo quienes ponemos el precio justo para nosotros pero también para el que come y compra alimentos”.

Pensar los alimentos nos lleva a pensar que una alimentación pensada no puede estar dominada por el egoísmo: “El sentido común indica que hay que comer para sobrevivir y que en nombre de la comida todo vale. Está tan instalada esa especie como de apología del egoísmo donde la comida es lo primero de todo que no nos damos cuenta que hay otros caminos”, reflexiona Sztajnszrajber.

El camino obvio, el que nos presentan como el normal y el natural, es aquel que, dice Soledad Barutti, “Nos mienten, nos venden a los argentinos al mundo como productores de alimentos y en realidad lo que tenemos es un país de señores de la Sociedad Rural Argentina que perpetúan sus negocios  y su manera de mal alimentar a toda la población”. Pero podemos también pensar los alimentos. Y ahí descubrimos el modelo de la solidaridad: “Volver a creer en lo humano. Estamos en el precipicio, pero tenemos herramientas para salir de este embrollo. El trabajo de los productores es de resistencia, honestidad y cooperativismo para ponerle un freno a la destrucción a la que nos están exponiendo. Para sacarnos de estos encantos e hipnosis que nos están poniendo todo el tiempo. Necesitan de nuestra cooperación y nuestra existencia”.

El camino obvio, el que nos presentan como normal “es el de la gente durmiendo en la calle, el de tomar como algo natural que las tierras sean de la agroindustria y que haya campesinos sin tierras y en casillas miserables”. Pero hay otro camino. El de pensar y transformar la realidad. Y accionar.  “Si pensamos que hay que cambiar, la fuerza de poder tiene que ser nuestra fuerza y eso es movilizándonos. Transformar es producir de otra manera, no es tener cinco hectáreas,a una productora esclava y vender un tomate o una lechuga orgánica para el que la pueda pagar. Porque esa verdura orgánica en realidad tiene sangre adentro. El precio justo es para el que consume, para el que trabaja. Nosotros producimos alimentos  sanos para el pueblo, no para gente que tiene plata. Esa solidaridad, esta tensión, va de la mano con un conflicto. Poner la cara y hacer los feriazos es un deber público, es nuestra responsabilidad hacer llegar alimentos sanos a precios justos en un lugar público. Lo hicimos en febrero, y si no lo hacíamos la historia no cambiaba. Pusimos el cuerpo, nos cagaron a palos y ahora todo el mundo sabe que hay una propuesta alternativa. Activar y construir alternativa, tierra trabajo y cambio social, luchamos por la transformación social. Por otra forma de consumo, liberar nuestras cabezas y consolidar el amor y la organización”. Con esas palabras cerró su intervención Nahuel, en un encuentro que fue la primera clase de una nueva forma de aprender y alimentarnos, de alimentarnos y aprender.

 

FOTOS: PEPE MATEOS