Hace tres años eran cuatro personas. Hoy son 130 familias campesinas que realizan feriazos en distintos puntos de la provincia y que visibilizan el crecimiento y las demandas del sector.

En medio de la pampa gringa, rodeados por ese mar verde de soja y glifosato en que se convirtió el paisaje santafesino, existen personas que prefieren producir alimentos para las argentinas y argentinos antes que el engorde que demandan los chanchos chinos. Con esa idea pero también con la necesidad de cambiar realidades, hace tres años y medio, la UTT puso su primera semilla en el viejo cinturón hortícola de Santa Fe, conocido como comuna de Monte Vera. 

Al principio, cuando todo nació, eran cuatro o cinco compañeros. Hoy son alrededor de 130 familias campesinas. La UTT tiene cinco bases en la ciudad de Santa Fe –Monte Vera, Campo Crespo, Chaco Chico, Paraje La Costa y Ángel Gallardo–, una en Helvecia y otra en el sur de Rosario, General Alvear. “Nos fuimos organizando en primer lugar para pelear por nuestros derechos como sector ignorado y oprimido, atado a un paquete dolarizado que nos hace comprar insumos, endeudarnos con las semilleras y con los negocios de las multinacionales que venden los agroquímicos”, cuenta Federico, uno de los integrantes de la UTT en esa región. Para estas familias, acostumbradas a la supervivencia y a perder todo con cada nueva lluvia para volver a empezar, la organización fue una manera de reivindicarse, pero también un amparo y una contención.

A la organización le siguió la visibilización de sus problemas y de sus demandas. Y así, organizadas, esas familias comenzaron a salir hacia las ciudades para hacer feriazos y verdurazos en las plazas principales. La intención siempre fue reclamarles “por todo lo que las habían postergado” a los Ministerios de Producción y de Desarrollo, a la Casa de Gobierno y a la municipalidad. Pero además romper con una cadena que hambrea al productor y estafa al consumidor. “Nos permitió generar un vínculo directo que beneficia a las dos partes en el precio, porque nos sacamos de encima a los intermediarios”, explican.

Los feriazos ahora ya son un ritual santafesino: se hacen todos los sábados hacen en cuatro puntos de la capital provincial y en Helvecia. Los adoptaron como una medida para acercar alimentos sanos y frescos a precios populares a las diferentes barriadas de Santa Fe.

La producción del cinturón hortícola santafesino siempre fue de tomates. Había, en otro tiempo, al menos tres variedades. Pero el avance y la especulación inmobiliaria atentó contra esa histórica producción. Atados por contratos precarios y por relaciones desiguales, los productores y productoras nunca saben cuánto van a durar en la tierra en la que producen. Están sujetos a la lógica de los loteos y a la discrecionalidad de los dueños, que de un día para el otro pueden decirles que se vayan.

Cuando sucede eso, las familias productoras tienen que mudarse y arrancar de nuevo otra vez. “Ese es un gran problema que tenemos. Sucede en todo el país, pero acá, de las 130 familias ninguna es propietaria de la tierra. La máxima libertad a la que algunas pudieron llegar es dejar de ser medieros y alquilarse un par de hectáreas como grupo familiar y producir entre hermanos o de gente muy cercana”. La falta de acceso a la tierra hizo que urgidos por la necesidad de pagar el alquiler y de vivir, Santa Fe haya virado hacia la producción de la verdura de hoja. La razón es simple: es lo que más rápido crece y lo que más rápido se vende. Entonces, la zona de la diversidad de tomates ahora es la zona de la rúcula, acelga, achicoria, lechuga y cebolla de verdeo.

Como sucede con la hoja verde, la organización campesina de la UTT en Santa Fe crece rápido. Y como sucede siempre, crece desde el pie.