El martes 7 y miércoles 8, se realizará un encuentro en el microestadio de Ferro para presentarles a los distintos partidos presidenciables medidas de corto y mediano plazo, así como modificaciones estructurales y productivas profundas.

Es impulsado por la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) junto otras organizaciones rurales, universidades, sindicatos, movimientos sociales, comercializadoras, asambleas, trabajadores y trabajadoras del Estado.

Según las estadísticas de la FAO, el organismo especializado de las Naciones Unidas en comida y agricultura, más del 70% de los alimentos que comemos cada día son producidos por la agricultura familiar, que tiene apenas el 25% de la tierra. Ese dato también significa que mayoría de las tierras cultivables no se utilizan para producir alimentos sino otro tipo de productos.

En este contexto productores y productoras de alimentos convocaron a las comunidades afectadas por el agronegocio -como los movimientos de Pueblos Fumigados-, a académicos -de las cátedras de soberanía alimentaria y el CONICET- , a trabajadores y trabajadoras del Estado, sindicatos y PyMes para lanzar  el primer foro por un programa agrario soberano y popular. Será el 7 y 8 de mayo en el microestadio de Ferro.

¿Los objetivos del foro? Proponer medidas de corto y mediano plazo para resolver la emergencia del sector, así como medidas de largo plazo con cambios estructurales y productivos profundos. Y presentarselas a quienes aspiren a gobernar durante los próximos años, para que todo el pueblo argentino pueda acceder a alimentos saludables, libres de químicos nocivos y a un precio justo.

“Necesitamos políticas públicas para nuestro sector, una ley de acceso a la tierra, avanzar con la agroecología para producir alimentos sin venenos y también para bajar los costos, porque todos los agroquímicos están en dólares”, dice Zulma, productora de la UTT en la localidad de Lisandro Olmos, en La Plata. Y remarca: “Lo primordial es el acceso a la tierra. Nosotros alquilamos, pagamos alquileres carísimos y a los dos o tres años, si el dueño quiere, nos tenemos que ir y desarmar nuestras casas. Queremos la tierra propia. Para trabajar y vivir dignamente allí”. Zulma además cuenta que al alquiler de las hectáreas que utiliza para producir, en los últimos años se le sumó el precio exorbitante de las tarifas. “Este mes, nuestra factura de luz es de ¡24 mil pesos! No tenemos subsidio, no tenemos nada”, se lamenta.

“Queremos mostrar que existimos. Eso vamos a hacer en el foro. Vamos a mostrar nuestra unidad que estamos construyendo y que no nos escondemos”, dice Gabriela Rearte de la Federación de Trabajadores Agrarios de la Actividad Primaria, que viajará desde Salta para participar. Y representa el pensamiento general del sector: tiene que acabarse el tiempo donde uno de los sectores económicos más importantes de la sociedad –sino el más importante– no tiene visibilidad en el Gobierno ni en la sociedad. “Tenemos que dar un ejemplo a nuestros hijos con el trabajo que hacemos y con la unidad. No nos tiene que dar verguenza ser trabajadores rurales. Es al contrario, hay que estar orgullosos porque cosechamos la comida que come todo el país, la que comen trabajadores y trabajadoras. Deberíamos ser lo más importante del país pero sin embargo no existimos ni somos visibles. Eso debemos cambiar”.

Miryam Gorban, licenciada en nutrición y coordinadora de la Cátedra libre de soberanía alimentaria de la UBA también cree que la unidad que hará posible el encuentro en Ferro es una oportunidad histórica para que el sector se convierta en un actor político y económico visible: “El foro nos llena de alegría y expectativa. La posibilidad de garantizar el derecho a la alimentación, a vivir en ambientes sanos y desarrollar la agroecología, sólo será posible gracias a una sólida alianza con las organizaciones campesinas y de nuestros pueblos originarios. La lucha socioambiental, la campesina y originaria están hermanadas; necesitamos fortalecer esta unidad natural profundizando los intercambios y el trabajo en conjunto”.

“Hoy la expansión del agronegocio expulsa a las y los trabajadores de la tierra. Se genera mayor desocupación, pobreza y exclusión de los sectores populares, con la consecuente pérdida de la vida y cultura campesino-indígena y rural. Eso debemos cambiar y para lograrlo necesitamos generar condiciones para desconcentrar y redistribuir la tierra; mirarnos en nuestros antecesores, hacernos eco de las experiencias de los pueblos indígenas, campesinos y trabajadoras/es rurales. El modelo agroindustrial domina la producción y el desarrollo agrícola a nivel mundial en contra de la humanidad. En cambio, en nuestro modelo, el agroecológico, se asienta la esperanza de la humanidad y el buen vivir con la madre tierra”, agrega Gorban. Un buena manera de invitar a todas las personas que quieren cambiar un modelo que expulsa y envenena, por otro que intenta poner a la humanidad en el centro.