Sin contemplaciones y sin entender la dinámica de trabajo en esa región, el Gobierno presiona y persigue a productoras y productores.

 

Las y los pequeños productores de cebolla del partido de las localidades de Pedro Luro, Hilario Ascasubi, Mayor Buratovich, sufren cada vez más la persecución del Ministerio de Trabajo. Los operativos de control en las quintas se hacen con la presencia de Gendarmería y las multas son de hasta 500 mil pesos.

El sur de la provincia de Buenos Aires, es una zona que vive de la producción de cebolla. Los y las productoras tienen ocho meses de trabajo, los costos y riesgos de la producción corren por su cuenta. En los meses de cosecha, que no son más de tres, los trabajadores golondrinas se acercan desde distintos punto del país. No trabajan más de dos o tres días en un mismo campo. Tanto productores como changarines deben vivir todo el año de lo recaudado en esa época de cosecha.

 

El Ministerio de Trabajo les exige a los y las productoras que pongan en blanco a “los changarines”. El pedido resulta insostenible debido a que  un changarín puede trabajar uno o dos días en un campo y se traslada a otro para aprovechar la cosecha. Sin embargo, desde el Gobierno ignoran el reclamo de los productores nucleados en la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) e insisten con el cobro de multas de hasta 500 mil pesos.

Los operativos de control en las quintas cada vez son más intimidatorios. Integrantes del Ministerio de Trabajo llegan con la compañía de Gendarmería. Mediante el uso de drones supervisan los campos desde arriba. Si hay gente trabajando, ingresan a pedir documentos y sancionar a las y los productores que no cumplen con el requisito de hacer los aportes por trabajadores golondrina. Les dan 24 horas para regularizar la situación, de lo contrario se cobran multas, muchas de ellas impagables. “La gente no quiere estar en blanco porque teme perder sus beneficios sociales y los productores no pueden pagar aportes por un trabajador que trabaja dos días con ellos. Es tremendo ver cómo –la gente se esconde por el monte para evitar los registros– los gendarmes corren y persiguen”, narra Roberto.

Cintia también es productora de la zona. Ella además destaca que la fuerte suba del dólar complicó la economía de productores y trabajadores golondrinas. Los fertilizantes y semillas  se cotizan en la moneda norteamericana y cada vez resulta más complejo acceder a ellos. “De un año malo nos cuesta dos años recuperarnos. Podemos perder toda la cosecha y nadie nos ayuda a levantarnos. Encima nos persiguen”, dice Cintia.

“No es justo que nos hagan esto. La gente se levanta a las 3 de la mañana y llega a su casa a las 10 de la noche. Todo el día trabajando y sufriendo la persecución. Por eso nos organizamos. Ya cortamos la calle para reclamar y vamos a hacer todo lo necesario para que nos escuchen”, agrega Roberto.

¿Cuál es el pedido de los productores y productoras de la zona cebollera? Simple: “El fin de  las inspecciones intimidatorias y el acceso al Monotributo Social, para que los aportes sean compatibles con el Salario Social Complementario; que se terminen las multas y la persecución”.