Además del que se realizó en Plaza de Mayo, hubo más de 20 puntos en los que las familias de la Unión de Trabajadores de la Tierra vendieron a precios justos su producción. De norte a sur, y de este a oeste.

 

 

Las luces –y muchas veces los palos y los gases– están en Buenos Aires. Pero los feriazos y verdurazos de la Unión de Trabajadores de la Tierra se dieron en casi todas las provincias argentinas. De norte a sur, de este a oeste, el miércoles 27 de febrero, las productoras y productores rurales realizaron ferias en más de 20 ciudades. Lo hicieron como parte de una estrategia para visibilizar los problemas del sector, y también para dar cuenta del trabajo y las luchas que se suscitan en las distintas regiones.

La lista es larga. Desde Jujuy, Salta y Tucumán, pasando por Santiago del Estero, Misiones y Corrientes; llega hasta Córdoba y Santa Fe, y de ahí baja hasta Buenos Aires, Mendoza, Río Negro y Chubut. En Buenos Aires, además de Plaza de Mayo, hubo verdurazos en Mar del Plata, Necochea y Bahía Blanca.

“Teníamos dos propósitos. El primero era presentarnos en forma articulada como UTT Misiones. Y lo bueno fue que la gente ya nos conocía. El segundo era llegar a la mesa del consumidor con un producto sano, saludable, de calidad y accesible”, cuenta Miriam, una de las productoras de Misiones.

En esa provincia hubo tres puntos de venta: en Colonia Delicia, Eldorado y Gobernador Roca. “Fue muy lindo. Hubo mucha participación, tanto de los productores como de los consumidores. Se sentía que había sintonía entre los medios y nosotros, y eso estuvo buenísimo. Queríamos presentarnos como pequeños productores, pero también repudiar lo que pasó el 15 de febrero”, agrega.

La represión del 15 de febrero en Plaza Constitución fue uno de los ejes de todos los feriazos. Además de declaraciones de repudio, se realizaron algunas ilustraciones que sintetizaban ese espíritu, como el afiche artesanal que se leyó en varias plazas: “Hay distintas formas de combatir el hambre. ¿Vos cuál elegís?”. Y en la imagen había una planta de lechuga y una cachiporra. La respuesta estaba a la vista. Y también lo estaba en los hashtag que se replicaron en las diferentes redes sociales: #YoElijoLaLechuga.

En Salta y Jujuy, más que la lechuga, lo que eligieron miles de personas fueron las bananas. El “bananazo” de Orán, según Alicia, una de las coordinadoras de la UTT en Salta y Jujuy, “fue muy emocionante”. Miles de personas se acercaron para llevarse una docena de bananas por apenas cinco pesos. También se vendieron, a precio simbólico, las otras frutas que se producen en la zona: maracuyá, limón y palta.

“El precio de venta es nuestro mayor problema. El productor vende el cajón a 70 pesos. Y después el intermediario lo vende a 300 pesos en Orán, o a 400 en Ledesma”, explica Alicia. Y remarca: “Nos tenemos que arriesgar a que nos piquen víboras, a ir a la selva. Hay compañeros de muy bajos recursos que arriesgan su vida para producir la banana, el maracuyá o la palta. Por eso necesitamos revalorizar nuestro trabajo”.

Son miles de manos, manos reales, curtidas, tanto por el frío como por el calor extremo. Y ahí andan, como danzando, en el aire, en la tierra, secas y mojadas, manos de hombres, manos de mujeres. Vidas arriesgándose, vidas entregándose. Vidas que llevan comida a las mesas de otras vidas. Vidas que merecen ser visibilizadas. Miles de historias de amor, abnegación y tenacidad.