NO EN EL NOMBRE DE LAS MUJERES DE LA TIERRA   

Somos mujeres agricultoras como Zulma, como Silvia, como Carolina. En nuestras espaldas llevamos la historia de generaciones de trabajadoras de sol a sol, sin acceso a la salud, vivienda digna ni caminos rurales transitables.

 

En un contexto de crisis, cuando los hombres se van a trabajar, más que nunca, tenemos que hacernos cargo de nuestros hijos, la producción en la quinta, en la granja y las tareas del hogar. Al igual que Zulma, todos los días cocinamos con fuego para alimentar a nuestra familia y vivimos y trabajamos en tierras ajenas o en peligro de que nos desalojen. Las mujeres rurales casi siempre vivimos aisladas, sin contacto con otras ni apoyo del Estado. Nosotras y nuestros cuerpos padecemos la doble opresión, en tanto trabajadoras de la tierra sin acceso a ella, con largas jornadas sin derechos; y como trabajadoras no reconocidas del hogar, cuidadoras de nuestros hijos y reproductoras de la familia agricultora.

 

Para la mujer rural el Estado como decorado.

Si bien existen formalmente instituciones como el INAM (Instituto Nacional de la Mujer) a nivel nacional y direcciones y secretarías de género provinciales y municipales, las políticas de género en general y para las mujeres rurales en particular dejan mucho que desear. Desde una perspectiva de “promover derechos sin generarle costo al estado”, lo cual es una burla, el INAM organismo nacional se encuentra desfinanciado y sin visualización en el espacio público. Tan solo como decorado, no promueve que las mujeres reales hacia las cuales están dirigidas las políticas que anuncia, formen parte de las decisiones y puedan plantear sus necesidades. Al contrario hemos visto como desde el gobierno y con participación del Instituto se legitiman discursos en los que, en nuestro caso, las mujeres rurales quedamos excluidas de las decisiones políticas y solo somos un actor para ser usado instrumentalmente por los sectores de poder.

Para el Encuentro Nacional de Mujeres de este año la participación del INAM fue facilitarnos micros inhabilitados que tardaron 30 horas en llegar a Chubut. Esta situación nos pasó a nosotras y a otros 30 grupos de mujeres agricultoras.

Es así como el Estado Nacional solo toma la agenda feminista en un formato rosado, romántico, no conflictivo y no cuestionador. Sorprendidas pudimos constatar tanto en el Woman20 como en los debates de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia de la Cámara de Diputados de la Nación como mujeres con poder económico hablan sobre lo que necesitan y lo que habría que hacer con un otro que no son ellas: las mujeres rurales. Paradójicamente, desde un discurso de genero lavado de contradicciones y relaciones de fuerza, el Estado y  los sectores de poder cristalizan las relaciones desiguales de clase y de género con el único propósito de que al final no cambie nada. Estos sectores hablan de lo que las mujeres de la tierra necesitamos pero toman como referencia a la Sociedad Rural Argentina (SRA). Donde ni hombres ni mujeres trabajan la tierra. Mucho menos lo hacen en condiciones de opresión y falta de derechos. Todo lo contrario, en la SRA se encuentran las mujeres históricamente  privilegiadas de nuestro país. Recibimos con rechazo el saludo de la SRA a las mujeres rurales el 15 de octubre en su dia internacional. A nosotras no nos colgarán de un almanaque o de una efeméride; no hay romanticismo en nuestra tarea, hay trabajo, hay explotación, hay falta de derechos y queremos cambiarlo.

A los sectores empresarios del campo, como la SRA, y las multinacionales como Bayer-Monsanto, sólo les interesa una mayor concentración, más ingresos en menos manos y una economía de exportación esclava del mercado internacional. Para nosotras esto significa la intensificación de un paquete tecnológico que envenena a nuestros hijos, hijas y destruye los ciclos de la naturaleza, que debemos cuidar para producir alimentos saludables.

Pese a estás adversidades; las mujeres de la tierra no nos quedamos calladas y nos organizamos para cambiar estas injusticias que son tanto económicas como sociales y culturales. Tenemos propuestas: presentamos un programa de promotoras de género para llegar al territorio rural y capacitaciones en el marco de escuelita de formación para promotoras, creamos el primer jardín comunitario para hijos e hijas de agricultoras con un menú agroecológico. Hasta ahora nada de esto tuvo respuesta ni apoyo estatal. El Estado no sólo está ausente, si no que con la quita del Monotributo Social Agropecuario ha decidido dejarnos sin obra social, sin jubilación y fuera del sistema formal de comercialización. Este tipo de decisiones políticas perjudican, principalmente a la mujer rural.

Somos nosotras mismas las que nos alentamos entre compañeras para romper con las estructuras patriarcales en las que crecimos y que aún están vigentes. El ENM de este año en Chubut fue exactamente eso, un encuentro con otras mujeres y nosotras mismas. Ya no estamos solas, estamos organizadas y juntas vamos a vencer al Estado que por acción u omisión nos invisibiliza, intenta callarnos y hablar en nuestro nombre.

 

Rosalía Pellegrini Holzman

Secretaría de Género UTT

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